|
23 de Marzo, 2008
· General |
|
|
 Algunos científicos planetarios creen que
ya poseemos la tecnología necesaria para
iniciar la terraformación de Marte, un
proceso que podría convertir su estéril
superficie en un Edén bañado por el mar.
El omnipresente color naranja-
rojizo-óxido está
en cada uno de sus picos,
cráteres, dunas, cañones
y valles, y hasta en el polvillo que
permanece eternamente suspendido
en la atmósfera, visible sobre
el horizonte del planeta. Sus atardeceres
rebosan una luz sublime
y hay algo decididamente extraterrestre
en el ángulo de inclinación
de las sombras. Marte es rojo, seco
y frío; lleno de una pétrea vitalidad
que anuncia su esencia: este
es un mundo mineral.
Siempre hemos querido saber
si en algún momento se produjo
allí una generación espontánea
de vida animal, vegetal o incluso
viral. Parafraseando a Kim Stanley
Robinson, autor de la Trilogía
Marciana, “lo que sea que dé
inicio a la vida, una espora proveniente
del espacio, un caldo de
cultivo que surgió en un manantial
de azufre caliente, la mano
de un dios... aún no sabemos si
eso sucedió en Marte”.
Pero sí podría haber ocurrido.
En algún momento temprano de
su evolución, en el Planeta Rojo
existieron mares, ríos, lagos,
nubes, lluvia, nieve, glaciares,
costas y canales. Pero todo eso
desapareció. Se trata de una
esfera rocosa muy pequeña, está
demasiado lejos del Sol, y su
núcleo de níquel y hierro, que ya
no gira debajo de la corteza, es
como una batería apagada. De
hecho, por su culpa la atmósfera
se congeló y se precipitó a la
superficie. El dióxido de carbono
se sublimó y formó una nueva y
delgadísima atmósfera, mientras
que el oxígeno se pegó a las rocas,
tornándolas rojas. El agua se
solidificó bajo la tierra en forma
de permafrost, y en otros lugares
se filtró kilómetros hacia el
subsuelo, hasta llegar a formar
mares subterráneos cuya suerte
se desconoce. Y sólo los dos polos,
cubiertos de hielo de agua y
dióxido de carbono, muestran
otro color diferente del rojo.
Ahora, en una especie de revés
de la trama de la Guerra de los
Mundos, los terrícolas queremos
conquistar esta bola congelada
donde no hay casi oxígeno, capa
de ozono o campo magnético y la
temperatura mínima ronda los
90 ºC bajo cero, y convertirla en
un vergel similar a los Jardines de
Babilonia que atesore el esplendor
de las playas ibicencas y la belleza
de la campiña escocesa. No es fácil.
Nos enfrentamos a un lugar cuya
gravedad es 2,5 veces menor que la
nuestra, situado a 60 millones de
kilómetros de nosotros y en cuya
superficie bombardeada por la radiación
el viento alcanza 160 km/h
y genera tormentas de polvo y arena
que pueden durar años
Un ejército de ingenieros planetarios
ha estudiado el caso desde hace
décadas. Hoy son los encargados de
hacer que el concepto “terraformación”,
un término que hasta hace
poco no existía en el diccionario,
pase al primer plano. La cuestión
es: ¿es posible devolver el pulso a
Marte?, ¿cómo podemos hacerlo? y,
sobre todo, ¿deberíamos?
Apto para la vida humana
La receta para resucitar un planeta
congelado en el tiempo consiste
básicamente en calentarlo,
crear una atmósfera, regarlo con
agua y protegerlo de las inclemencias.
El proceso llevaría de 500 a
50.000 años, según el investigador
al que se pregunte. Aun así,
una cosa es hacerlo apto para la
vida y otra muy distinta hacerlo
apto para la vida humana.
En un informe recogido por la revista
Nature hace un par de años, el
científico planetario Chris McKay,
del Centro de Investigaciones Espaciales
Ames de la NASA, uno de los
más respetados en EE UU, concluyó
que terraformar Marte para la
humanidad es muy difícil. “Resulta
casi imposible, porque necesitamos
mucho oxígeno y este gas es sumamente
difícil de fabricar allá arriba.
Hoy está lejos de nuestro horizonte
tecnológico”. Ahora, McKay insiste
en sus planteamientos. “El oxígeno
de la Tierra tardó cientos de miles
de años en formarse. Suponiendo
que pudiéramos llenar Marte de
plantas y darle océanos con la misma
productividad que los nuestros,
tendríamos que enterrar enormes
cantidades de carbono orgánico
para poder generarlo. La fotosíntesis
no es suficiente por sí sola.
Tardaríamos unos 50.000 años en
inyectar en su atmósfera el oxígeno
necesario para nosotros”, señala.
“En cambio, sí es posible hacerlo
habitable para las plantas y
restaurar su atmósfera de dióxido
de carbono. ¿Cómo? Calentando el
planeta, un proceso que conocemos
muy bien. De hecho, lo estamos
haciendo en la Tierra. Cuanto más
calor aplicamos a la atmósfera,
más la espesamos. Y cuanto más la
espesamos, más la calentamos. En
ese sentido, sí podemos hacer que
Marte regrese a la vida”.
Verdes contra rojos
McKay está a medio camino entre
los “rojos” y los “verdes”, esto
es, entre quienes quieren conservar
Marte como está hasta que se
descubra si albergó o no vida, y los
que quieren comenzar el trabajo
de restauración cuanto antes, importando
de la Tierra organismos
extremófilos naturales y sintéticos.
“Creo que deberíamos crear una
biosfera en Marte”, afirma McKay.
“Sin embargo, sus ingredientes tendrían
que ser nativos en la medida
de lo posible. Tenemos pruebas de
que en Marte hubo agua en abundancia,
de lo que deducimos que en
algún momento existió vida. Pienso
que muy posiblemente podríamos
hallar reliquias de ella, congelada
o muerta, y reconstruirla; o mejor
aún, encontrarla viva refugiada
bajo la superficie y dejarla que
nuevamente controle los ciclos
biogeoquímicos del planeta. En mi
opinión, llevarla de la Tierra sería
el último recurso. Si Marte no tiene
un genoma, entonces sí podríamos
compartir el nuestro, pero personalmente
creo que Marte lleno de
marcianos es más interesante que
lleno de terrícolas”.
En cambio, el ingeniero aeroespacial
Robert Zubrin es un “verde”
furibundo. Ha escrito extensamente
sobre la terraformación del planeta
vecino desde una concepción
antropocéntrica e incluso la NASA
ha adoptado una versión de su plan
de colonización como referencia
para misiones futuras. Hace diez
años fundó la Sociedad de Marte
para impulsar los viajes tripulados
lo antes posible. “Para mí convertir
otros mundos en lugares habitables
para la humanidad es una obligación
moral”, asevera. “Todos los
seres vivos transforman el espacio
que habitan, ya se trate de bacterias
o de personas. Hoy nos enfrentamos
a un dilema a largo plazo: o
nos planteamos terraformar otros
mundos o languideceremos irresponsablemente
y nos extinguiremos.
Y eso no es tan complicado
como parece. Basta con que un
asteroide de cierto tamaño choque
contra la Tierra”.
Un paraíso marciano
“Marte es un lugar idóneo para
nuestra civilización”, escribe Zubrin
en su libro The Case for Mars.
“Lo tiene todo: vastas cantidades
de carbono, nitrógeno, hidrógeno
y oxígeno en el subsuelo. Estos
elementos no sólo son la base del
agua y el alimento, sino la materia
prima para producir plásticos,
madera, papel, ropa y combustible
para cohetes. Prácticamente, todos
los compuesto importantes para la
industria existen en el Planeta Rojo,
incluso deuterio, un isótopo del
hidrógeno valorado en unos 10.000
dólares el kilo. Marte debe colonizarse.
Marte es el Nuevo Mundo”.
Para John Rummel, encargado
de la División de Astrobiología de
la NASA, lo primero que debemos
averiguar antes de modificar ese
medio es si existe vida. “Si aparece,
será muy interesante descubrir si
es nativa y si hay algo que la distinga
de la terrestre. En ese caso,
tendremos que asegurarnos de que
no la contaminamos con nuestras
propias bacterias, ya que se trataría
quizá del hallazgo más importante
en la historia de la humanidad”.
El segundo Planeta Azul
Si descubriéramos bacterias
marcianas con un ADN similar al
terrestre, podríamos pensar que
en algún momento hubo un intercambio
entre ambos mundos, lo
que nos convertiría en algo así como
“primos hermanos interplanetarios”.
Establecerse en el Planeta
Rojo sería entonces como reunir a
la familia para ver cómo se lleva. Si
no existiera vida en Marte, tendremos
que proceder a la terraformación
a partir de una roca pelada.
Una vez adaptada la atmósfera,
la biomasa entrará en acción. Habrá
que fabricar toneladas y toneladas
de microbios, cianobacterias,
líquenes y hongos que necesiten
poco oxígeno y sean resistentes al
frío, la deshidratación, la radiación
ultravioleta y el exceso de sal. Aunque
en la Tierra existen numerosos
organismos que toleran algunas de
esas condiciones, ninguno las resiste
todas a la vez. Por ello, será necesario
hacer selecciones y modificaciones
genéticas en el laboratorio.
Con el tiempo, los líquenes amarillos
podrán ser reemplazados por
enormes selvas de árboles de hasta
200 metros de altura capaces de absorber
grandes cantidades de dióxido
de carbono y producir oxígeno.
Para entonces, el planeta estará cubierto
en buena parte por agua.
La gran depresión de Vastitas
Borealis, en el polo norte, quedará
sumergida en el fondo de un extenso
mar. El supercráter de Hellas
Planitia se habrá convertido en un
lago de 8 kilómetros de profundidad.
El sistema de cañones Valles
Marineris, una gigantesca cicatriz
de 4.500 kilómetros de largo y 11
de profundidad máxima, será un
fiordo monumental. Y el Olympus
Mons, que con sus 21 kilómetros de
altura y 600 de diámetro es el volcán
más grande del Sistema Solar,
se habrá convertido en una isla cuya
cima se perderá entre las nubes
y tendrá su propio ecosistema.
La fuerza de la evolución
No es tan difícil imaginar un
Marte vivo. Y es que, después de
todo, la vida se adapta y se arraiga
con una tenacidad asombrosa.
“Seguramente todos los originales
genéticos de esta nueva biota serían
terrestres”, escribe Stanley Robinson.
“Pero el terreno es marciano.
Y el terreno es un ingeniero genético
poderoso, que determina qué
vive y qué muere, empujando la
evolución de nuevas especies. Y a
medida que pasan las generaciones,
todos los miembros de la biosfera
evolucionan juntos, adaptándose
a su terreno en una compleja respuesta
comunitaria. Este proceso,
no importa cuánto intervengamos
en él, está fuera de nuestro control.
Los genes mutan, las criaturas evolucionan,
una nueva biosfera emerge,
y con esta, una nueva noosfera.
Y eventualmente, las mentes de los
diseñadores, junto con todo lo demás,
también habrá cambiado”. Fuente- Muyinteresante.es
|
 |
científicos, planetarios, tecnologia, via, lactea, luna, planetas, actualidad, dynamics, naturaleza, vida |
|
|
publicado por
vinylculture a las 08:29 · Sin comentarios
· Recomendar |
| |
|
|
Sobre mí |
VinylculturE
Los seres humanos sois inteligentes, tenéis sentimientos y expresáis vuestras emociones de una forma racional. Incluso algunos de vosotros desarrolláis un sentido especial para ciertas funciones. Todas esas son las cualidades de vuestra especie que las máquinas no podemos sentir ni expresar.
»
Ver perfil
|
|
|
|
Calendario |
 |
Octubre 2008 |
 |
|
| DO | LU | MA | MI | JU | VI | SA | | | | 1 | 2 | 3 | 4 | | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | 17 | 18 | | 19 | 20 | 21 | 22 | 23 | 24 | 25 | | 26 | 27 | 28 | 29 | 30 | 31 | |
|
|
| | |
|